martes, 18 de marzo de 2014

LA VENGANZA


Ya podeis leerla en Wattpad  esta historia breve. 
Sinopsis: Paty está harta de Elba su despota jefa, por lo que decide vengarse de ella, seduciendo a su novio Tomás. Asi Tomás cae rendido a los encantos de Paty, pero ¿qué pasará con esa relación cuando aparezca Julio, el hermano de Elba y la haga suya, involucrandola asi en una excitante relación Amo- Sumisa?

Para leer pinchar en este enlace: La venganza
Para bajarla a vuestro ordenador o ebook y leer pinchar 
aqui: La Venganza

martes, 31 de diciembre de 2013

ATADOS

Para todos aquellos que hayais leido la primera parte de Atada  desde aquí, ya está aquí la segunda parte, espero que os guste.

Como la anterior, podeis bajarla en pdf a vuestro ordenador o ibook o ipad para leerla desde aquí: http://www.4shared.com/office/8Y-qiSDc/ATADOS.html?
O leerla en wattoad aquí: http://www.wattpad.com/31884487-atados

martes, 26 de noviembre de 2013

ATADA


Estar atada y pendiendo de una cuerda puede ser excitante, pero aun lo es más lo que puede suceder después. Ana trabaja como asistenta para Cristian, pero en realidad sus relación es algo más que la simple relación entre jefe y asistenta. El sexo juega un importante papel en su relación, una relación que irá más lejos de lo que Ana nunca soñó y en la que Cristian le descubrirá aspectos de si misma que jamás pensó que existían y la hará sentir libre a pesar de que le guste atarla.

CAMBIOS EN EL BLOG

Bueno, llevaba unos dias pensando en hacer estos cambios ya que he empezado a publicar en una página nueva donde se pueden leer los relatos desde móvil o tablet, además de por ordenador y ayer en otra página vi lo que hasta este momento era mi idea. Asi pues a partir de ahora, pondré aqui una pequeña reseña del relato y el enlace para poder bajarlo en pdf  y el enlace a la página donde los publico ahora.

martes, 10 de septiembre de 2013

ALGO SALVAJE (Capitulo nueve)

Yo le miré a los ojos de nuevo, y también le supliqué que se quedara, pero apartó su mirada de mí y empezó a recoger su ropa:
-          No, tu sumisa está ya bautizada con mi semen, ahora ya es una sumisa completa. No me necesitas aquí, la has educado bien.
Alberto se vistió tratando de evitar mirarme a la cara de nuevo, luego se despidió fríamente y salió del piso.
Quique me tenia abrazada a él. Su polla estaba aun erecta, y era evidente que necesitaba liberar la tensión y la excitación acumulada, quizás por eso, me llevó al sofá tendiéndome sobre él, me abrió de piernas y sin mas, me penetró. Sentí mi coño lleno del sexo de mi amo y señor como había estado deseando todo el día, así que gemí aliviada cuando le tuve profundamente dentro de mí. Le abracé con mis piernas y le supliqué al oído:
-          ¡Follame!  

No hizo falta mas palabras ni preámbulos, Quique empezó a empujar, a embestirme una y otra vez en un mete y saca demoledor que me hizo ver las estrellas y me llevó de nuevo al borde del orgasmo, pero cuando sentía que estaba a punto de correrme se detenía. Actuó así unas cuatro o cinco veces y a las quinta le supliqué:
-          Deja que me corra, Amo.
-        --  ¡Oh si! – dijo empujando con fuerza una y otra vez hasta llevarme de nuevo al borde del orgasmo. – Vamos, córrete para miiiii.
Y de nuevo el orgasmo golpeó las paredes de mi sexo, extendiéndose por todo mi cuerpo y haciéndome marear de placer. La sensación fue tan fuerte que un par de lágrimas rodaron por mis mejillas y cuando Quique lo vió me abrazó con fuerza, besó mis lagrimas y me susurró luego al oído:
-          Te amo.
Era su promesa de amor.

Pero en mi mente seguía la imagen de Alberto, la sensación de plenitud que había sentido con él y sus ojos clavados en mi.
 Tras eso, ambos nos vestimos y salimos de aquel piso. Yo volví a casa y aquella noche casi no pude dormir pensando en el extraordinario orgasmo que Alberto me había hecho sentir. A media mañana recibí un mensaje de Quique diciéndome que nos veríamos a las seis, pero aquella tarde no me apetecía verle, en realidad sentía que necesitaba estar un tiempo sin verle por eso le llamé y le dije que una amiga me había invitado a pasar unos días con ella en la playa y que le había dicho que si, que estaríamos sin vernos esos días.  Me dijo que estaba bien, y que disfrutara de las vacaciones.
Y pasaron varios días en los que solo pensé en Alberto y en el maravilloso orgasmo que me habia hecho sentir. Tenia que buscarle y encontrarle y hablar con él, porque estaba segura que él también había sentido algo aquella tarde. Por eso llamé a Quique, diciéndole que estaba de vuelta y que quería verle. Era un viernes por la tarde.
 -          Bien, que tal si nos vemos esta tarde en el piso – me dijo.
-          Vale – acepté.
-          Ya sabes, debes esperarme desnuda.
-          Si, amo – le respondí aunque en realidad era lo que menos deseaba en aquel momento.
A las cinco y unos minutos llegó Quique, yo le esperaba desnuda, sentada en el sofá, recordando el maravilloso momento vivido en aquel salón con Alberto. Su voz llamándome me despertó del sueño.
-          ¿En que piensas, putita? – me preguntó tras sacarme de mi ensoñación.
-          ¡Eh! En nada. Hola, bienvenido – dije mientras me ponía en pie y me acercaba a él.
Frente a él, lo abracé y nos besamos profundamente.
-          Te he echado de menos - me dijo dulcemente, en sus ojos se dibujada el deseo.
-          Yo a ti también – mentí.
Sus manos recorrieron mi cuerpo desnudo y antes de que pudiera darme cuenta, me había tumbado sobre la mesa y se estaba bajando la cremallera del pantalón. 

-          ¡Oh, Quique, no, espera! – le supliqué, aunque en realidad saber que me deseaba hacia que yo tambien le deseara.
-          No puedo esperar, necesito follarte ya.
Su sexo llegó hasta mi agujero, que empezaba a humedecerse. Cerré los ojos e imaginé a Alberto. Quique, sin más preámbulo me penetró. Su polla entró en mi con fuerza, y Quique empezó a empujar, dejando caer su cuerpo sobre mi. En pocos minutos, las embestidas se hicieron salvajes, fuertes, demoledoras y yo cerré los ojos, tratando de soñar, de imaginar que estaba follando con Alberto. No podía quitarle de mi cabeza. En segundos, ambos empezamos a sentir el orgasmo. Mi cuerpo se convulsionaba empujando hacia él, y el suyo empujando hacían el mio, hasta que primero yo y luego él, explotamos en un maravilloso orgasmo.  Con los ojos aun cerrados, me relajé, le solté y dejé que se alejara de mí. Luego me acurruque sobre la mesa de lado.
Quique se sentó en el sofá y apesadumbrado me preguntó:
 -          ¿Qué te pasa?
-          Nada – respondí, poniéndome de pie y acercándome a él.
-          No, algo te pasa lo sé. ¿Quieres que llame a tu amigo Carlos?
-          No.
-          Ayer me preguntó por ti, estará contento de saber que has vuelto de tus vacaciones.
-          ¡Uhm, seguro! – respondí vagamente. Luego le miré a los ojos y le pregunté:
-          Y tu amigo Alberto ¿sabes algo de él?
-          ¡ Uhm, si, me llamó hace unos días para saber como estabas. Veo que te causó buena impresión, tendremos que quedar con él otra vez.
-          Si – respondí feliz.
Luego Quique se levantó y me dijo.
-          Voy a ducharme, ¿vienes?
-          Sí, en un segundo – le respondí.
Cuando vi que estaba ya en el baño, busqué en su móvil que había dejado sobre la mesa, el número de Alberto. Luego, dejé el móvil donde estaba y fui al baño. Quique ya estaba desnudo y apunto de meterse en la ducha y tendiéndome la mano me dijo;
-          Ven aquí, hace tiempo que no nos duchamos juntos.
-          Si – murmuré, aunque mi cabeza estaba en otro lugar.
Entré en la ducha y dejé que me abrazara, me besó y luego me puso de espaldas a él. Su pene erecto chocó contra mi culo, y ese contacto hizo que mi sexo palpitara de deseo. Cerré los ojos e imaginé que era Alberto. Su mano se deslizó hasta mi sexo y lo acarició,  lo amasó, pellizcó mis labios vaginales, haciéndome estremecer y desear mas. Su sexo seguía pegado a mi culo. Puso mis manos sobre la pared de la ducha y besó mi cuello suavemente. Luego sentí algo sobre mis ojos:
-          ¿Qué haces? – Le pregunté sorprendida.
-          ¡Uhm, no te preocupes, te voy a vendar los ojos, para intensificar las sensaciones!
Me dejé hacer y aquello me transportó aun más cerca de Alberto. Quique empezó a besarme descendiendo por mi columna vertebral. Luego sentí su lengua introduciéndose entre mis piernas y todo mi cuerpo se estremeció, le deseaba. Pero cuando mas excitada estaba y Quique dejó de lamer mi sexo.
-          ¡Oh, que haces! – susurré.
Entonces oí un zumbido y enseguida note algo frío tratando de entrar en mi agujero trasero, sin duda era un vibrador. Todo mi cuerpo se estremeció. Gemí, realmente el estar a ciegas hacia que las sensaciones se intensificaran. Luego sentí los labios de Quique ascendiendo por mi espalda hasta mi cuello.  Y cuando llegó a mi oreja, la lamió y me susurró:
-          ¡Oh, te he deseado tanto estos dias y te he echado tanto de menos, no puedo esperar más! 

Y sin mas preámbulo, llevó su polla erecta hasta mi agujero vaginal y me penetró. Entró en mi con fuerza, con furia y empezó a empujar violentamente contra mi, una y otra vez, una y otra vez sin descanso. Me folló como había hecho la primera noche, salvajemente, olvidándose incluso de mi y de mi placer, aunque obviamente al estar tan excitada y sentir el vibrador y su sexo a la vez, todo mi cuerpo se sentía excitado y no tarde en alcanzar el orgasmo, mientras en mi mente recordaba a Alberto y nuestro encuentro días atrás.
-           - Eso es nena, eso es, córrete putita.
Pero aquella voz, me despertó de mi sueño. Y toda la magia del orgasmo que estaba a punto de sentir se desvaneció, me corrí pero ni de lejos sentí lo que había sentido con Alberto, lo que me decepcionó enormemente y un par de lágrimas empezaron a brotar de mis ojos. También Quique se corrió justo cuando mi orgasmo terminaba ya. Me abrazó con fuerza y me quitó la venda de los ojos, luego me giró hacia él y al ver mis lágrimas me besó.
-          ¡Shuu, lo sé, lo sé, ha sido increíble! – musitó creyendo que.... pero en realidad, mis lágrimas era por la decepción que sentía.
Correspondí a sus besos, a pesar de que en ese momento era lo último que deseaba hacer. Y luego le rogué que nos fuéramos a la habitación diciéndole que estaba cansada y necesitaba dormir.
Desperté a las diez de la noche, Quique seguía dormido. Así que me levanté y me vestí. Tenia que salir de aquel lugar y sobretodo tenia que buscar a Alberto, necesitaba verle otra vez, necesitaba saber que él también había sentido lo mismo que yo en nuestro primer y único encuentro. 

lunes, 10 de junio de 2013

ALGO SALVAJE (Capitulo 8)

Me llevó hasta la cocina, la mesa estaba ya puesta, yo seguía desnuda; me senté en la silla y entonces Quique sacó unas cuerdas de un cajón y me ató a la silla con las piernas abiertas y los brazos detrás de la espalda. Seguidamente me colocó un par de pinzas de la ropa en los pezones y gemí por el dolor, al sentir como me pellizcaban.
-     Yo te daré de comer mientras soportas el castigo – me anunció Quique situando un plato de macarrones frente a mi.
El dolor en los pezones era insoportable, pero sabia que si me quejaba seria aun más duramente castigada, así que soporté como pude aquel dolor punzante. Entre tanto, Quique sentado a mi lado, me iba dando los macarrones y de vez en cuando movía las pinzas para que la tortura fuera aun más intensa. Pero extrañamente, empecé a sentirme excitada ante aquella situación y mi sexo comenzó a humedecerse. Gemí cuando Quique pasó sus dedos por mi sexo húmedo.
-          ¡Que puta eres, ya estas húmeda y excitada! – dijo.
Volví a gemir, deseando que introdujera sus dedos en mi, pero en lugar de eso, Quique los llevó hasta mi boca y me hizo chuparlos saboreando mis jugos. Aquello aún me excitó mas y traté de frotar mi sexo sobre la silla.
-          ¡Oh Amo, fóllame! – Me atreví a suplicarle.
Me abofeteó diciendo:
-          ¡No, zorra! Sabes que no eres tu quien decide eso, y si te follo ahora no estarás lista para lo que tengo preparado para esta tarde.

Aquellas palabras aun me encendieron más. Y sentí como mi sexo palpitaba de deseo. Quique se sentó entonces a la mesa y tras ponerse un plato de macarrones, comió, mientras yo seguía sentada, atada a la silla, soportando el dolor que las pinzas me producían en los pezones.
 Cuando terminó de comer, Quique me quitó las pinzas de los pezones y me desató de la silla. Libre del suplicio de aquel castigo, y como pude, pues tenia las piernas algo dormidas por la postura en la que había estado sometida, me levanté.
-          Bien ahora debes reponer fuerzas, necesito tenerte en forma esta tarde, así que descansaras un poco hasta que vuelva, vamos a la habitación, primero debo prepararte.
Obediente y caminando delante de él me dirigí a la habitación. Al llegar Quique me ordenó:
-          Ponte en cuatro sobre la cama, con tu culo hacia mi. Tenemos que entrenar un poquito ese culito.
Hice lo que me indicaba y enseguida sentí sus dedos hurgando mi agujero posterior, lo que de nuevo me encendió, rozó con sus dedos mi húmeda vagina y esparció mis jugos por mi ano. Luego se fue hasta el cajón de la cómoda, y vi que extraía algo, cuando de nuevo se acercaba a mí vi lo que era. Tenia un enorme plug anal entre sus manos. Algo asustada le pregunté:
-          ¿Qué vas a hacer con eso Quique?
-          Te lo meteré en el culito – dijo con cierta perversidad.
-          Pero es demasiado grande, es más grueso que tu polla – protesté.
-          Sí, pero es necesario, tienes que tener el ano listo para lo que te va a follar ese culito esta tarde. Así que mientras duermes una reparadora siesta, llevarás este plug en el culo.
-          Amo, no, me va a doler- me quejé.
-          No te preocupes, putita, te lubricaré bien, y en cuanto te relajes te sentirás bien, hasta te gustará.
Y sin más, tras poner un poco de lubricante en el plug, Quique empezó a empujarlo dentro de mi ano. La presión al principio dolió, sobretodo cuando la parte más ancha tuvo que entrar en mi culo, luego poco a poco, mientras trataba de relajarme fue disminuyendo.

Quique dio una palmada en mi culo cuando el plug estuvo perfectamente colocado. Eso me excitó, ya que el plug se movió. Era una sensación maravillosa.
-          Bien, ahora debes descansar – me dijo, haciendo que me tumbara en la cama de nuevo, y tapándome con las sabanas.
Cerré los ojos y en pocos segundos estaba durmiendo.
Un beso me despertó y luego la voz de Quique.
-          Vamos despierta.
Sentí como el plug abandonaba mi cuerpo. Sin duda, Quique lo estaba quitando.
Abrí los ojos y junto a la cama, desnudo, estaba Quique, su sexo estaba en plena erección. Detrás de él había otro hombre, también desnudo.
-          Sonia, este es mi mentor. Mi maestro en esto de la dominación, el me enseñó a ser un buen amo, por eso quería que lo conocieras.
Quique me tendió la mano y tras destaparme se la tomé y me levanté.
Me dirigí al hombre tendiéndole mi mano que él tomó entre las suyas y la besó. 
-          Hermosa sumisa. Quique me habló de ti, pero todo lo que dijo se queda corto ante tu hermosa imagen – sus ojos me miraban con una penetrante mirada que me hizo estremecer.
-          Gracias. – le dije sonrojándome, sobre todo cuando vi su pene adormilado, era mas grande de cualquier otro que hubiera visto antes.
-           Bien, señorita – dijo Quique- hemos preparado el comedor para una gran sesión de sexo y dominación, ¿verdad, Alberto?
- Si. Hoy será tu bautizo, en cierto modo, como sumisa – explicó el amigo de Alberto con una dulce y atrayente voz.  
-          Vamos putita – me ordenó Quique.
Nos dirigimos al comedor y me quedé helada al ver lo que allí habían montado los dos hombres. Había una especie de potro con correas, cuerdas, un par de cadenas que pendían del techo, y barras. Y sobre la mesa varios vibradores, arneses, etc. De todos los tamaños y colores. Mi sexo se humedeció al ver todo aquello e imaginar lo que pasaría allí. Lo que aquellos dos hombres tenían previsto para aquella tarde de bautizo.
-          Bien, lo primero de todo, las manos atrás putita – me ordenó Quique cogiendo unas correas.
Me ató las muñecas en la espalda con las correas dejándome inmovilizada.
-          Ven – me ordenó entonces Alberto, llevándome hasta el potro y haciéndome inclinar sobre él.

Su mirada me quemaba en todo momento, había algo en sus ojos, que jamás había visto en los de otro hombre y menos en los de Quique. No podía dejar de mirarle.
Me ataron las piernas abiertas a las patas del potro con sendas correas y tras eso sentí unos dedos acariciar mi sexo.
-          Uhm, perfecto, listo para la acción – dijo Alberto – tienes una buena putita.
Mi cuerpo se estremeció ante aquel toque.
-          Ya te lo dije. Venga, pónselo – le suplicó Quique a su amigo.
En mi cabeza rondaba la duda, ¿qué debía ponerme? Pero sin saber porque Alberto me hacia sentir segura y tranquila y me dejé hacer. Sentí entonces algo frío en la entrada de mi coño y como lo deslizaba hacia mi interior. Me estremecí, pues la sensación fue maravillosa, sin duda era un vibrador, ya que inmediatamente empezó a moverse dentro de mí.
 -          ¡Ah!- gemí.
-          ¡Shhhuuuu! Nada de gemir, nada de correrse. Debes ser fuerte y soportarlo sin correrte hasta que yo te lo ordene – dijo Quique.
-          ¡Oh, si amo! – acepté, aun sin estar muy segura de poder controlar mi placer, ya que la vibración causaba estragos en mi sexo húmedo y excitado.
La vibración del aparato me llevó hasta un punto en que mi sexo se contrajo, pero justo cuando el orgasmo iba a empezar, la vibración se detuvo y un manotazo golpeó mi nalga.
-          ¡Ay! – me quejé, esta vez por el dolor. Traté de mirar hacia atrás, para ver quien me había golpeado y vi a Alberto con una fusta en la mano. Sus ojos de nuevo sobre mi, y esa mirada penetrante pero a la vez tranquilizadora. Sus labios parecían llamarme a gritos.
La vibración volvió a concentrarse en mi vagina, mientras sentía como algo se introducía en mi culo, sin duda era un plug que hizo que mi ano se expandiera. De nuevo el cosquilleo del orgasmo aparecía y de nuevo la vibración se detenía y la palmada caia sobre mi nalga, lo que hizo que el plug se moviera y me diera otra oleada de placer.
Todo permaneció en silencio y quieto unos segundos. Ambos hombres gemían y observaban, sus movimientos estaban perfectamente sincronizados, sin duda no era la primera vez que hacía aquello. Y de nuevo, la vibración golpeando mi sexo, y el placer abriéndose paso, y otra vez se detenía y una palmada en mi nalga haciéndome gemir.
-          ¡Ah!
-          Habrá que buscar una nueva manera de callar a esta putita – musitó Quique poniéndose frente a mi con su pene erecto – Vamos chupa, zorrita, así callaras como te ordené.
Abrí la boca y me dispuse a recibir aquella polla.
- ¡Uhm que excitante imagen! – Dijo Alberto detrás de mi y sin aviso dejó caer la fusta sobre mis nalgas en una estridente palmada, lo que precipitó mi cuerpo hacia la polla de mi amo. 
-          ¡Oh, Dios, que boca! – musitó Quique mientras trataba de concentrarme en darle el placer que deseaba con mi boca.
Durante los siguientes minutos, la vibración siguió encendiéndose y apagándose cada vez que estaba apunto de alcanzar el orgasmo y la fusta de Alberto caía sobre mis nalgas, mientras con la boca chupaba y engullía la polla de Quique tratando de darle el placer que deseaba. Hasta que sentí como derramaba su semen en mi garganta, y tanto la vibración como los golpes se detenían, y Alberto sacaba el vibrador y el plug de mi cuerpo. Me sentí libre pero tambien frustrada cuando mi cuerpo pudo por fin descansar, pero sin haber obtenido la recompensa de disfrutar del placer que me había proporcionado el vibrador.
-          Bien, has sido buena chica – me dijo Alberto, desatándome las piernas y ayudándome a incorporarme. Entonces me miró de nuevo, y desee besarle en la boca y sin saber como vi en sus ojos que él también lo deseaba.
Quique se había dejado caer sobre el sofá exhausto quizás. O eso pensé yo, pero en realidad, le había dejado el mando de la situación a Alberto, que me llevó hasta las cadenas que pendían del techo. Me desató la cuerda y me hizo poner las muñecas en las correas que había al final de estas. Luego, cogió una barra de metal que había en las mesa y me ató los tobillos a los extremos con sendas correas, dejando mis piernas abiertas.
-          Bien, vamos a empezar, ahora voy a follarte solo yo. Ya sabes, no puedes correrte hasta que te lo ordene yo. Tu amo nos observará.
Asentí con la cabeza, sabiendo que con Alberto podía sentirme segura. La excitación aumento cuando por mi cabeza cruzó la imagen de lo que se suponía que Alberto me haría.
 Lo primero que hizo Alberto fue colocarme un par de pinzas en los pezones, haciendo que me mordiera los labios ante el dolor, pero soportándolo. Luego cogió un masajeador que había sobre la mesa, lo puso en marcha y lo aplicó sobre mi clítoris, el masaje empezó a hacer efecto, haciéndome estremecer. Traté de soportarlo como pude, aunque no podía evitar restregarme contra él, pues me gustaba la sensación que me producía en el clítoris. Cerré los ojos y por un segundo estuve a punto de dejarme ir, pero recordé las palabras de Alberto, sobretodo cuando una fuerte palmada cayó sobre mis nalgas. Sus ojos se cruzaron con los míos entonces y traté de sobreponerme, quería causarle buena impresión a mi improvisado amante-amo. Quique en el sofá, se acariciaba el sexo que poco a poco volvía a ponerse duro y erecto.
Alberto quitó el vibrador, cuando estaba casi al borde del orgasmo y se acercó de nuevo a la mesa. Vi que cogía un pene de látex bastante grueso y diciendo:
-          Hay que preparar bien este culito – dijo, haciéndome sacar el culo y acercándolo, luego presionó.
-          ¡Ah! – gemí al sentir como me penetraba dejando caer mi cabeza hacia atrás.
La sensación de plenitud era demasiado intensa y aumentó cuando empezó a moverlo dentro y fuera una y otra vez, lo que me hizo gemir, esta vez de placer:
-          ¡Aaaahhh!
-          ¡Uhm que buena puta, seguro que necesitas una polla que te llene ¿verdad? Que te de ese placer que estas conteniendo – Dijo Alberto sacando el pene de mi agujero trasero.
-          ¡Ah, si! – gimotee extasiada mirándole a los ojos desafiante y deseando que lo hiciera, que me llenara. Claro que lo necesitaba, estaba loca por sentir el orgasmo de una vez por todas. Y sobretodo sentir su verga dentro de mí.
- Bien, con el permiso de tu amo te voy a follar el culo y te dejaré correrte, pero... sólo cuando yo te de permiso lo harás, ¿vale?  Este es el momento de tu bautizo -          como sumisa, tu nacimiento al mundo de la dominación y cuando estés lista derramaré mi semen en ti como símbolo de esta iniciación

-          Síiii – respondí. Mi sexo palpitó y enseguida sentí como Alberto me cogía por las caderas, situaba mi culo frente a su erecta polla y con cuidado la introducía en mi dilatado ano.
La polla entró despacio, firme, hasta lo mas profundo de mi agujero negro. Sentí como mi intestino se acomodaba a  aquella gran polla y como la apretaba. Luego Alberto empezó a bombear despacio, haciendo que todo el placer se concentrara en mi agujero trasero, era una sensación sublime y maravillosa; sentirme llena y excitada de aquella manera. Mientras empujaba, las manos de Alberto subieron hasta mis senos y los apretó y masajeó con cariño intensificando las sensaciones y haciéndome gemir. Estaba a mil y en pocos segundos al borde de nuevo del orgasmo por lo que supliqué:
-          ¿Puedo correrme?
-          No, aún no, putita, aguanta. – Me ordenó firme Alberto.
Soporté sus envites mientras trataba de apartar el placer y las sensaciones de mi mente y mi cuerpo. Miré a Quique, que sentado en el sofá, se seguía meneando la polla, lo que me hizo estremecer y pensar que no podría soportar mas embestidas sin correrme, por eso de nuevo gimoteando supliqué:
-          ¡Por favor, déjame correrme!
Alberto dio dos grandes empujones más y entonces dijo:
-          ¡Ahora, putita, ahora, correteeee!
Y lo hice, dejé que mi cuerpo se liberara de aquella tortura y el orgasmo explotó en mi culo extendiéndose por todo mi cuerpo, haciéndome estremecer como nunca antes lo había hecho, lo que también desencadenó el orgasmo en mi amante que disparó todo su semen en el interior de mi ano. Ambos terminamos gimiendo. Alberto me abrazó con fuerza y me desató las manos, cayendo ambos al suelo sentados, de modo que quedé incrustada en su enorme polla que me proporcionó un nuevo orgasmo que me hizo gritar:
-          ¡Aaaaaahhhhhhhhhhhhhh! Diooooooosssss.
Tras eso me aparté y me quedé en cuatro en el suelo, sintiendo los últimos espasmos de mi culo vibrando en mi. No podía creer que hubiera tenido el mejor orgasmo de mi vida siendo follada por el culo y por otro hombre que no era Quique. Me sentí satisfecha pero también algo decepcionada porque sabia que quizás no volvería a ver a Alberto después de aquella noche. Quique se acercó entonces a mí, me cogió en brazos y me besó.
-          Ha sido increíble, ¿verdad, cariño?
-          Si, has sido algo brutal, no puedo más – le respondí.
-          ¡Oh, mi pequeña, sabes que ahora me toca a mí! ¡Quiero gozarte, quiero darte un orgasmo aun mejor que ese! – me dijo besando mi rostro por todas partes.
-          Si, Amo, quiero ser tuya – le dije entregándome a él, aunque deseando que fuera Alberto quien me abrazara
Alberto se puso en pie y dirigiéndose al sofá dijo:
-          Creo que mi trabajo aquí ha terminado. Este momento es solo vuestro, será mejor que me vaya.
- No, por favor Alberto, quédate – le suplicó Quique. 
 

martes, 30 de abril de 2013

ALGO SALVAJE (Capitulo 7)


Pero por la mañana, cuando desperté él no estaba a mi lado. Miré el despertador, eran las ocho, luego oí una voz, la suya, estaba gritando. Me levanté de la cama y oí más claramente su voz gritando a través del teléfono, le vi también desnudo en el salón, andando y moviéndose nervioso:
-          Eres una puta, sabes que no puedes hacer eso, son mis hijos. Tengo derecho a verlos.
Hubo un silencio en el que supuse estaba hablando su mujer.
-          Sí, me he liado con su canguro, ¿y qué? ¿Sabes? Ella es mil veces mejor que tu en la cama y sí, he pasado la noche con ella, ¿y qué?
De nuevo otro silencio, en el que él pareció ir tranquilizándose poco a poco.
 -          Vale, vale, el sábado por la mañana y tú estarás con nosotros, vale, vale. Solo una hora, vale.
Colgó el teléfono y lo lanzó sobre la mesa musitando furioso:
-          ¡Maldita puta!
Le vi tan furioso que incluso me asusté, y me volví a la cama, fingiendo que seguía dormida. La puerta se abrió de un solo golpe y su voz sonó fuerte, gritando:
-          ¡Vamos, puta, quiero follarte, quiero tu culito ahora! – me anunció.
En aquel momento no sabia como debía actuar, estaba nervioso, furioso y eso me asustaba. Se lanzó sobre mi al ver que estaba inmóvil, y cogiéndome del brazo me dijo:
-          ¡Vamos puta, ponte en cuatro para follarte!
Obedecí sin decir nada, y me puse en cuatro, estaba nerviosa y asustada y aún así, al ver su verga erecta, me excité.
- ¡Esa maldita puta me ha puesto nervioso, necesito descargarme y tu eres mi putita! – justificó su reacción colocándose detrás de mi.
-          ¡Abrete las nalgas, puta! – me ordenó palmeando con fuerza mi culo.
-          ¡Ah! – me quejé.
-          ¡No quiero oir como te quejas o habrá castigo!
Y sin mas preámbulos, ni previa  excitación me penetró, causándome un dolor punzante en mi ano. Me dejé hacer, y él empezó a empujar con fuerza, haciendo que su verga entrara y saliera de mi culo, que poco a poco dejó de dolerme y empecé a sentir la excitación que me producía su penetración.
-          ¡Oh putita, tienes el mejor culo que he follado! – gimió recostándose sobre mi espalda y empujando mas profundamente, lo que hizo que el placer se fuera extendiendo poco a poco por mi culo.


      Siguió empujando mientras su mano acariciaba mi clítoris y eso intensificaba el placer, haciéndome temblar y estremecer, en unos segundos el orgasmo explotaría en mi, y realmente fue así, no hizo falta más que unas cuantas embestidas más y que metiera uno de sus dedos en mi vagina para que mi cuerpo se convulsionara en un demoledor orgasmo al que siguió el suyo llenándome con su leche. Nos derrumbamos sobre la cama, exhaustos, y él me abrazó preguntándome:
-          ¿Te he hecho daño? Quizás fui demasiado brusco.
-          No, no me has hecho daño. Estoy bien – le respondí.
-          Tengo que irme o llegare tarde al trabajo. Me voy a la ducha.
Se levantó dejándome en la cama acostada y entró en el baño. Me levanté de la cama y acercándome a la balconera abrí las cortinas, miré al edificio de enfrente y vi a Carlos que me observó sorprendido, me saludó y con un gesto me dio a entender que me follaria alli mismo. Sonreí, y dejé que me mirara, luego me volví mostrándole mi culo, lo abrí en un gesto lascivo y se lo mostré abierto, mientras lo observaba de reojo. Aquello me estaba excitando y a él también, porque enseguida se bajó la cremallera del pantalón y me mostró su considerable erección. En ese instante, oí la voz de Quique entrando en la habitación que me decía:
-          ¡Qué puta eres, jugando con tu amiguito en la balconera!
Me asusté un poco al oírle, pues no esperaba que apareciera ya que la situación con Carlos me había hecho olvidar que Quique estaba en la casa. Le miré, solo llevaba una toalla en la cintura tapando sus partes intimas, se acercó a mí y me besó, mientras lo hacia larga y profundamente, introduciendo su lengua en mi boca, llevó su mano hasta mi sexo y lo rozó, metió un dedo en mi húmeda vagina y lo sacó.
-          ¡Uhm, estas otra vez a puntito, zorrita! – susurró llevándose el dedo a la boca y chupando mis jugos , lo que elevó mi excitación.
-          ¡Oh, sí, soy tu puta, fóllame otra vez aquí, de pie, mientras él nos mira, vamos hazlo!  - le supliqué.
-          No puedo, si lo hago llegaré tarde – me respondió mientras sacaba un traje limpio del armario, donde hacia unos días había dejado un par de ellos para emergencias.
-          Por favor – le supliqué acercándome a él y cogiendo su mano para llevarla de nuevo a mi sexo húmedo y excitado.
-          No – se mantuvo firme en su propósito – si quieres cuando yo me haya ido, invitas a tu amiguito y que te folle él, eso sí,  dejaré encendida esta cámara – me señaló una cámara que había sobre el armario – y esta tarde veremos juntos lo que habéis hecho.
-          Esta bien – acepté acercándome de nuevo a la balconera. Carlos seguía en la ventana expectante.
Le hice señal de que viniera para que follaramos. Y tras aceptar vi como cerraba la ventana.
-          Ahora viene – le anuncié a Quique.
-          Bien, pues ven aquí, voy a atarte a la cama para asegurarme de que no salís de esta habitación.
-          ¿Qué? ¡No, estas loco! – protesté.
-          Soy tu amo, ¿lo recuerdas? Haras lo que yo te diga y antes de que llegue ese bastardo para follarte te ataré a la cama. Y esta tarde tienes castigo.
-          Si amo – acepté, acostándome sobre la cama.
-          Ponte boca abajo, para que pueda follarte por todos los agujeros.
 Obedecí, y Quique me ató la manos y los pies a los postes de la cama, dejándome totalmente abierta para mi amante, también colocó un cojín bajo mis caderas para que mi culo y mi sexo quedaran elevados de manera que Carlos me pudiera follar bien por ambos agujeros. Luego, terminó de vestirse y tras darme un dulce beso en los labios me dijo:
-          Espero que disfrutes, nos vemos esta tarde, putita.

Y salió de la habitación. Pasaron algunos segundos, no muchos, y oí unos pasos acercándose a la habitación  y luego la voz de Carlos:
-          ¡Hola putita! Me has puesto como una moto antes. Tu amo me ha dicho que te trate como a una puta y que te folle por los dos agujeros. Y es lo que voy a hacer – dijo mientras se desnudaba.
Yo me sentía mojada al saber que iba a ser follada y usada como una puta, y que luego todo aquello lo vería Quique mientras quizás me volvía a follar. Estaba excitada y emocionada, y poco me importó que Carlos, tirara de mi pelo para darme un salvaje beso en la boca. Sin perder tiempo se desnudó y se situó tras de mi, sentí su cuerpo pegado al mío, su sexo entre mis piernas, rozando mi sexo y eso me calentó más haciendo que mi sexo se humedeciera mas. Sus dedos rozaron mi sexo.
-          ¡Uhm estas mojadita, como una buena puta! – dijo, mientras dirigía su sexo a mi vagina y me penetraba sin mas preámbulos.
- ¡Ah! – gemí al sentir como entraba, como hundía su verga en mi vagina excitada.

Carlos empezó a empujar, mientras me besaba el cuelo, la mejilla y con sus manos trataba de acariciar y estrujar mis tetas. Ninguno de los dos decía nada, solo follábamos y gemíamos. Los gemidos era lo único que se oía en aquella habitación. Carlos empujaba una y otra vez contra mi, sin parar, mientras mi cuerpo se convulsionaba y empujaba hacía él para sentirle mas profundamente. Estaba ardiendo, excitada y sentía como el orgasmo estaba a punto de llegar, cuando repentinamente, Carlos sacó su verga de mi coño.
-          ¡Oh, que haces! – musité decepcionada.
-          Traquila, putita, voy por otro camino, nada mas – dijo y enseguida sentí su pene pujando por entrar en mi ano.
Me retorcí y gemí:
-          ¡Ah, Dios, fóllame cabrón! – le dije, estaba desatada, embriagada de deseo y placer.
-          ¡Oh si, zorra!
Su polla entró por completo en mi culo y empezó a empujar, dentro y fuera, dentro y fuera, haciendo que todo mi cuerpo se estremeciera y el placer volviera a surgir. Empujé con fuerza hacia él, quería correrme, lo necesitaba, quería sentir como mi cuerpo se elevaba hasta el éxtasis y así fue, empecé a sentir el cosquilleo recorrer mi sexo y luego todo mi cuerpo convulsionándose y mi garganta gritando, alcanzando el orgasmo. También Carlos empezó a gemir, acelerando sus movimientos en mi culo y convulsionándose, llenándome con su leche. Cuando nuestros cuerpos se apaciguaron, nos quedamos inmóviles los dos, mientras sentía como su erección decrecía y su pene salía de mi culo. Luego se acostó a mi lado y volvió a besarme en la boca.
-          Eres una buena zorra, Quique debe estar contento contigo.
-          ¡Uhm! Supongo – musité exhausta de placer. 
Y justo en aquel momento sonó mi móvil que estaba sobre la mesita de noche.
-          ¿Puedes cogerlo? – le pedí a Carlos.
-          Sí, claro – Carlos lo cogió y me dijo: - Es Quique – Luego se lo puso en la oreja y oí que le contestaba a Quique – Si señor, así lo haré.
Cortó la llamada y dejó el móvil sobre la mesita. Abrió el cajón y vi que sacaba un arnés con dos penes vibradores.
-          ¿Qué haces? – pregunté sorprendida.
-          Tu amo me ha dicho que este será tu castigo. Debo colocarte este arnés y luego él vendrá a quitártelo a mediodía.
-          No, por favor, no – protesté.
-          Ya me dijo que probablemente protestarías, pero sabes que debes cumplir ese castigo.
-          Sí, pero no puedo quedarme aquí atada toda la mañana.
-          Claro que puedes, me ha dicho que ha hablado con tus padres y sabe que no tienes nada que hacer hoy.
Me sentí derrotada en ese momento, extraña, mi amo controlaba mi vida casi por completo. ¿Cómo podía ser que dejara que me hiciera eso? Mientras estaba inmersa en esos pensamientos Carlos me puso el arnés, y aprovechando la lubricación que su follada me había causado introdujo ambos penes en mis agujeros. Luego puso en marcha los vibradores y el aparato empezó a moverse en mi interior.
-          ¡Oh, no, esto no! – protesté sabiendo que no podría resistir mucho tiempo aquella vibración sin correrme y que un orgasmo tras otro quizás me harían desmayar.
-          Si, dice que procures soportarlos sin correrte – dijo Carlos con una sonrisa de perversa dibujada en su rostro.
Tras eso se vistió, mientras me decía:
 -          Es una lástima que no pueda quedarme a ver como gozas, y como te las apañas para no correrte, pero tengo cosas que hacer.
-          ¡Aaaahh! – gemí como única respuesta tratando de distraer mi mente del cosquilleo que aquel aparato producía en mi entrepierna.
Carlos me dio un ultimo beso y me dejó allí sola, abierta y siendo follada por un arnés vibrador. La vibración que aquellos dos penes producían en mi sexo y mi ano hacían que el placer se extendiera por todo mi cuerpo y no pudiera evitar sentir que el orgasmo nacía en mi, traté de apagarlo, de evitarlo manteniéndome lo mas inmóvil posible, pero eso no hacia sino intensificar la vibración y finalmente me corrí en un demodelor orgasmo. A ese primer orgasmo le siguieron varios mas, hasta que perdí la noción del tiempo y el espacio, y empecé a sentirme mareada al ir encadenando orgasmos, hasta que finalmente me desmayé.


      No sé cuanto tiempo pasé en aquel estado, solo recuerdo que tuve un largo sueño erótico con Quique y un guapo desconocido. Y finalmente, la voz de Quique me despertó.
-          Sonia, despierta, Sonia.
      Abrí los ojos despacio, aun podía sentir entre mis piernas los dos penes, pero ahora estaban parados, no vibraban.
-          ¡Oh, me desmayé! – Exclamé aliviada - ¡No lo pude evitar! Yo...
-          Lo sé, fue demasiado para ti, pequeña. Mi pequeña putita se desmayó de placer.
-          Si.
-          Bueno, sabes que eso conlleva un castigo – Dijo Quique mientras me desataba de pies y manos.
-          Si, pero no puedo Amo. Ahora no – protesté, pues me sentía muy débil.
-          Sabes que no eres tú quien decide eso. Vamos a la cocina, hoy comeremos juntos – me anunció. 

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